Hay cielos grises que amenazan en vano. El puente que cruza el Bidasoa bien lo sabe, ningún manto de agua bañará hoy Irún.
Para alguien que haya crecido en un pueblo fronterizo estas impresiones tendrán un aire de inocencia casi cómica. Pero cruzar de buena mañana el Pont de Saint Jacques a pie, antiguo obstáculo para los que perdieron, me provoca un comprensible escolofrío de historia.
Nadie en el camino, ni siquiera un forzado buenos días con gorra puesta. De vuelta a mi país, tiendas de tabakoak y alcool cortesía de nuestro patrio sistema de recaudación fiscal.
Es en mañanas grises como esta cuando más me alegro de hacer este alto en la turbina. Horas tranquilas, sin pretensiones, horas vivas. Días en los que nada pasa, que tanto merecen la pena.
Agur Iñaki, egun on pareja! tú no eres de aquí, ¿eh? Los edificios hacen barrio, los barrios que son ciudad. La dependienta que sonriente y educada me despacha un boli negro y una libreta a cuadros.
Nada pasa... pasa la página, y le debo una pensada (traducción libre del francés) a mi amigo Jacobo.
- ¡Recuerdos de parte de tu prima!
- ¡No te oigo ni torta!
- Bueno Conchi, ya estaremos, ¿eh?
Como decía, el amigo Jacobo, de los que valorizan este viaje, este subirse al norte para explorarse el sur. Me quejaba con él de que no escribo, no me sale, llevo semanas sin ordenador. No he publicado nada en este blog que aún lleva pañales, hay gente que quiere saber pero no sabe.
"Pues escribe en papel, no seas cateto de ciudad..." Ya es mediodía, pasan las hojas. Y un barbas que revisa contadores de agua.
Crimen y castigo es un gran libro. Recomendártelo cuando aún lo estoy leyendo es un riesgo que quiero asumir. Una licencia y un placer, clavado al banco donde un abuelo lee el Marca.
Que culmina y se derrama en un diálogo magnífico, Parte 3 (IV), forzando a que cierre el libro para mantener el regusto en el paladar.
Pausa de vendedor consumado. Léelo.
* Ya había titulado y escrito este barullo cuando a la vuelta la Policía francesa ha parado el autobús para pedir deneíses y pasaportes. Me ha parecido justo dejarle el título, por ingenuo.
Para alguien que haya crecido en un pueblo fronterizo estas impresiones tendrán un aire de inocencia casi cómica. Pero cruzar de buena mañana el Pont de Saint Jacques a pie, antiguo obstáculo para los que perdieron, me provoca un comprensible escolofrío de historia.
Nadie en el camino, ni siquiera un forzado buenos días con gorra puesta. De vuelta a mi país, tiendas de tabakoak y alcool cortesía de nuestro patrio sistema de recaudación fiscal.
Es en mañanas grises como esta cuando más me alegro de hacer este alto en la turbina. Horas tranquilas, sin pretensiones, horas vivas. Días en los que nada pasa, que tanto merecen la pena.
Agur Iñaki, egun on pareja! tú no eres de aquí, ¿eh? Los edificios hacen barrio, los barrios que son ciudad. La dependienta que sonriente y educada me despacha un boli negro y una libreta a cuadros.
Nada pasa... pasa la página, y le debo una pensada (traducción libre del francés) a mi amigo Jacobo.
- ¡Recuerdos de parte de tu prima!
- ¡No te oigo ni torta!
- Bueno Conchi, ya estaremos, ¿eh?
Como decía, el amigo Jacobo, de los que valorizan este viaje, este subirse al norte para explorarse el sur. Me quejaba con él de que no escribo, no me sale, llevo semanas sin ordenador. No he publicado nada en este blog que aún lleva pañales, hay gente que quiere saber pero no sabe.
"Pues escribe en papel, no seas cateto de ciudad..." Ya es mediodía, pasan las hojas. Y un barbas que revisa contadores de agua.
Crimen y castigo es un gran libro. Recomendártelo cuando aún lo estoy leyendo es un riesgo que quiero asumir. Una licencia y un placer, clavado al banco donde un abuelo lee el Marca.
Que culmina y se derrama en un diálogo magnífico, Parte 3 (IV), forzando a que cierre el libro para mantener el regusto en el paladar.
Pausa de vendedor consumado. Léelo.
* Ya había titulado y escrito este barullo cuando a la vuelta la Policía francesa ha parado el autobús para pedir deneíses y pasaportes. Me ha parecido justo dejarle el título, por ingenuo.
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